Agárrame bien la mano, que cuando me dejo ir por el pensamiento siempre caigo del mismo lado; siempre del tuyo, y nunca contigo.
Y cada vez peor, y cada vez más rotos, y cada vez más tú, y cada vez más yo... sin rastro de nosotros.
Yo no jugaba para no perder, tú hacías trampas para no ganar, yo no rezaba para no creer, tú no besabas para no soñar con un nosotros.
No son las palabras que alguien diga, no fueron las canciones que sonaron, no eran los sueños que teníamos, no eran los besos que nos dimos.
Volamos en colores, volamos sobre pájaros de papel, en tiempo, volamos de camino al sueño que se fue ayer, volamos.
Y qué somos, somos una conversación de madrugada, somos un un café con un amigo. Somos la confianza de un secreto, un abrazo sincero. Somos sueños, somos lo que nunca dijimos.
Nunca fuimos nada, pero siempre había una canción, siempre hubo un lugar o un silencio cómodo. Nunca fuimos nada, pero siempre hubo algo.
YO ESCRIBO POR ODIO.