Le hiere aquel que quiso quedarse pero le hizo daño, aquellos que golpearon los sentimientos. Ya no quiere ver, amor, en la luna. No quiere que en su sueño deje el rencor ajeno olvidado su inútil corona de cuchillos. Donde va, van detrás pasos amargos, donde ríe una mueca de horror copia su cara, donde canta la envidia maldice, ríe y roe. Y es ésa, amor, la sombra que la vida le ha dado: es un traje vacío que le sigue cojeando como un espantapájaros de sonrisa sangrienta. Pero no admirla es imposible. Una mujer tan dulce que se cae y se levanta y les sonrie. un orgullo y un placer escondido entre la sangre.