Tú ya sabes que soy una persona difícil de entender. Que hoy puedo decirles una cosa, y maña quizás les salga con todo lo contrario. Que en mis dos últimas entradas no concuerdan, para nada, aunque las dos hablen de él. Pero es que todo lo que me ha dejado es un gran montón de mierda. Un enorme cúmulo de nadas. La cabeza llena de recuerdos que me parece una locura, que no te torturen por las noches como a mí: Los años, los abrazos, los besos, todas las vueltas con música, aquel paraguas en tu brazo resguardándome de la tormenta, las calles de esta ciudad que ahora me pesan, imaginándome a tu lado en cada esquina, en cada piedra que pisamos, en cada sitio que descubrimos juntos. Todo los problemas, lo dulce, lo íntimo, lo amargo. Tú pegándote a mi espalda, tu respiración en mi oído, las tardes tiradas en parques... felices, vivos. VIVOS. Te echo tanto de menos que he dejado de escribir. No te voy a seguir mintiendo, quizás ya no siento nada, te echo de menos, pero no nos engañemos... a ti no, a los recuerdos de esa persona que un día conocí y que sí, que a pesar de todo sólo quiero que seas feliz, así que a la ¡ a vivir !