Los viajes se hacen cortos cuando me da por cogerte la mano y agarrarla con fuerza. Supongo que así te sientes más seguro y tú, listillo, siempre la quitas.
Creéme, disfruto de su tacto casi más que de cualquier cosa, pero no más que de tu cara de enfado. Me gusta ver cómo frunces los labios y como los ojos brillan, como si cobrarán vida propia.
Te cuesta estar enfadado conmigo y eso lo aprecio tanto como a tu persona. podría decir que quizás este un poco loca, soy cabezota y es bastante improbable que alguien haga las cosas peor que yo, pero ahí estás tú, con tu paciencia infinita y tus ganas de abrazarme. ¡Y benditos abrazos! Me devuelven a la vida y al mismo tiempo me elevas en un delicioso trance.
Si supieras cuántos mensajes te he escrito y cuántas veces los he vuelto a borrar... Ya no sé qué decirte para llamar tu atención. De una forma inmadura e infantil, quizá un tanto egoísta, porque no estoy ahí, me he ido, pero aún así quiero asegurarme que piensas en mí. Solo en mí. Tardo en dormir. Es llegar a la cama y qué guarrada sin ti.
Y aquí me ves otra vez, escribiéndote sin utilizar emoticonos, pensando cada palabra y que cada una nazca de mí, porque quizás hablar las cosas no sea lo mio, pero escribir y consolar por lo menos se me da bien.
Mi imaginación llega a su fin. Tengo mucho más que decirte, pero no encuentro las palabras. Creo que no las hay, y me va a tocar inventarlas. O eso, o las canjeo por besos y abrazos. Pero no quiero volver, por lo menos no tan pronto...