Hay que ser capullo. Toda la vida volviéndome loca por encontrar la manera de ser un poco feliz... Que las pequeñas cosas no te engañen. Son pequeñas, pero no sencillas. Tienen trampa. Y es que esas pequeñas cosas no sirven de nada si no las compartes con alguien a quien quieres. Porque solo cuando las compartes las pequeñas cosas pasan a convertirse en autenticas joyas.
Las joyas de verdad no están ni en los museos ni en las cajas fuertes. Las joyas de verdad no brillan ni deslumbran. Las autenticas joyas no son las que te hacen más rico, son las que te hacen sonreír. Yo no me considero ambiciosa, no necesito muchas joyas. Me conformo con retroceder. Arreglar quiero volver , poder arreglar a ese alguie que se preocupa por mi. Quiero volver a que sienta que hay alguien de quien me quiero preocupar.
La felicidad es un arma de doble filo: no hay nada mejor cuando la tienes, pero si la pierdes, te quedas hecho polvo porque al final del día es cuando te das cuenta que lo importante, seas una capulla o una iluminada, es que tienes dos opciones… y hay que elegir.
Puedes elegir la opción fácil: dejarte caer y hundirte… O puedes elegir la opción difícil: seguir, arreglarlo . Y entonces, si tienes un poco de suerte, una de esas joyas pasará por delante para darte el valor necesario y volver a la superficie.