Algodón, quitaesmalte, pinta uñas, pañuelos extra finos, sonrisas del mismo tamaño. Primera uña , primer recuerdo.... primera hostia. No, no lo aceptaba, no aceptaba que me quedaba embobada mirando su foto día tras día. Qué deseaba tener una conversión sarcástica cada vez que lo veía. Que imaginaba cuentos a su lado, ilusiones debajo de su almohada. No aceptaba que me volvía loca con un suspiro, con una canción. Que me sacaba la sonrisa más rápido que cualquier otra persona, que me hacía completamente feliz. No aceptaba, que deseaba gritar a los cuatro vientos desde mi balcón te quiero, que necesitaba abrazarme a alguien y no soltarme jamás. No lo aceptaba, que quizás me gustaba. Miento, me enamoraba. No aceptaba, que me había vuelto débil solo conociéndole, que me había convertido en ¿una diana? Sí, puede ser, una diana. Una diana, que ahora tiene una flecha enganchada. Una flecha con su nombre escrito en la parte delantera. Y una flecha, que aunque siga diciendo que es mentira, permanecerá ahí. No sé por qué, ni cuanto...
Segunda uña, segundo recuerdo, segunda hostia. Y de repente, todo parece pararse, entra por la puerta, con una sonrisa, y lo soluciona todo: lágrimas, dolor... soluciona mi odio repentino, mis ganas de no oír su nombre nunca más, las ganas de tirarme en la cama, y olvidarme de todo, sin nadie. Las ganas de romper todas y cada una de las ilusiones que se habían hecho automaticamente. Las ganas de perderme entre mares de sueños, sueños imposibles. Y es que está vez, esto es un sueño. Un sueño de tenerlo delante de mí, y no poder huir. Aferrarme a la silla, y hablar como una persona normal. Y desear que esto se acabe ya. Porque no puedes aguantar las ganas de decirle que le quieres. Que sin él, no eres nada. Que te bese... Y que no se preocupe del mundo porque va estar toda la noche, la madrugada, y el amanecer, a tu lado. Y en ningún momento se va a escapar de tu cama.
Tercera, cuarta, y quinta uña. Algodón a la basura, sentimientos, con él. Laca de uñas al estuche, al igual que su nombre. Quitaesmalte, en el armario de las botellas de voodka. Necesito olvidar todo, necesito borrarlo todo. Desde la marca de mi antiguo esmalte, hasta las lágrimas. Necesito olvidar, que un día él se convirtió en mi vida.
Segunda uña, segundo recuerdo, segunda hostia. Y de repente, todo parece pararse, entra por la puerta, con una sonrisa, y lo soluciona todo: lágrimas, dolor... soluciona mi odio repentino, mis ganas de no oír su nombre nunca más, las ganas de tirarme en la cama, y olvidarme de todo, sin nadie. Las ganas de romper todas y cada una de las ilusiones que se habían hecho automaticamente. Las ganas de perderme entre mares de sueños, sueños imposibles. Y es que está vez, esto es un sueño. Un sueño de tenerlo delante de mí, y no poder huir. Aferrarme a la silla, y hablar como una persona normal. Y desear que esto se acabe ya. Porque no puedes aguantar las ganas de decirle que le quieres. Que sin él, no eres nada. Que te bese... Y que no se preocupe del mundo porque va estar toda la noche, la madrugada, y el amanecer, a tu lado. Y en ningún momento se va a escapar de tu cama.
Tercera, cuarta, y quinta uña. Algodón a la basura, sentimientos, con él. Laca de uñas al estuche, al igual que su nombre. Quitaesmalte, en el armario de las botellas de voodka. Necesito olvidar todo, necesito borrarlo todo. Desde la marca de mi antiguo esmalte, hasta las lágrimas. Necesito olvidar, que un día él se convirtió en mi vida.