Resbalaban con suavidad aquellas gotas de agua. Caían con fuerza acorde con las lágrimas que salían de sus ojos. Los truenos sonaban, junto los ruidos extraños que le hacía el corazón. Estaba cansada de la misma historia, y de acabar llorando como acababa siempre. De tener que limpiarse las lágrimas. Cansada de mirar su reflejo en la ventana, y verse desprotegida. De pegarse golpes, y tener que levantarse ella por su propia cuenta. Los rayos comenzaron a iluminar su habitación, al igual que sus ojos comenzaron a volverse negros del rímel. Era tan difícil todo, como intentar parar esa lluvia. Y de repente, todo paró. Todo dejó de funcionar, y ella levantó la cabeza como nunca antes había hecho. El viento, la lluvia, los relámpagos, y por fin los truenos, había parado al igual que sus pensamientos. Ella era una más en ese mundo de mierda, dónde no existían las buenas personas y donde o jodías o te jodían. Ella después de llorar, de sufrir y de callarse, todo en absoluto silencio, había decidido levantarse de una vez por todas, y demostrar la clase de persona que era. Y así lo hizo. Demostró al mundo, lo que yo ya veía de lejos.